‘Museo’… no sabíamos lo que teníamos hasta que lo perdimos
octubre 31, 2018
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‘Museo’… no sabíamos lo que teníamos hasta que lo perdimos

Dicen que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Los mexicanos perdimos 140 piezas prehispánicas la madrugada del 25 de diciembre de 1985, cuando dos sujetos robaron el Museo Nacional de Antropología. Aquí una versión de aquellos hechos.

Esta película es un réplica de la original o del evento original. Es algo que debes saber antes de verla y te lo advierte el director Alonso Ruizpalacios justo antes de arrancar Museo (2018), la ficción acerca de los dos tipos que en plena Navidad de 1985 se llevaron alrededor de 140 piezas prehispánicas del Museo Nacional de Antropología, y que le dio al cineasta mexicano el Oso de Plata a Mejor guion en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

Pero no por ser una versión un tanto libre de los mencionados hechos significa que carezca de relevancia o deje de parecerte interesante, incluso tiene la intención de serte familiar en algunos aspectos, como la forma en la que el cineasta te acerca al relato. El recorrido por aquél surrealista pasaje de nuestra Historia comienza con las excursiones escolares desorientadas, en las que la visita al museo se reduce a copiar las fichas de las piezas y que, para muchos, es su primer acercamiento con el MNA.

A partir de esa cuestión relativamente universal, que refuerza Ruizpalacios con una versión en flauta dulce de La noche de los mayas de Silvestre Revueltas, comienza un ir y venir entre la realidad y la ficción. A los primeros pertenecen, por ejemplo, imágenes de archivo para reforzar el sentido de veracidad y el contexto; mientras que para el resto de la historia pesa más la imaginación de Ruizpalacios y su coguionista Manuel Alcalá, especialmente los protagonistas.

A partir de lo que investigaron sobre Carlos Perches y Ramón Sardina, los ladrones reales, Alcalá y Ruizpalacios te entregan a Juan Nuñez (Gael García Bernal) y Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris), un par de jóvenes satelucos que no encuentran el rumbo que han de seguir y piensan en hacer lo que sea para que les “pase algo” en sus tediosas vidas. El cineasta juega a presentarte así las motivaciones de sus personajes, pero todo es intencionalmente confuso y nada claro.

Además de entregar a ese par de sujetos antipáticos por los que terminarás sintiendo algo de empatía, la fusión de la realidad y la ficción dan como resultado una historia ágil. Lo mismo señala las contradicciones de cada persona, que al desconocimiento que tenemos de nuestra cultura; monta desde momentos críticos familiares, hasta escenas de tensión propiciados por la persecución.

En medio de todo eso Museo (2018) es divertida. Sin una imagen monocromática esta vez, Ruizpalacios aborda como en Güeros (2014) temas críticos y emocionales de una forma entretenida y con una CDMX de fondo. Las carcajadas son cortesía de los matices en la dinámica de los protagonistas, y a que los hermanos menores tienen prohibido referirse a los primogénitos por sus apodos, espera a oír el sobrenombre del personaje de Gael.

Pero la historia es apenas un diamante en bruto que logra su brillo debido al diseño de producción y la mezcla de sonido. El ensamble de esta joya, y lo que termina de amarrarte, es la dinámica y creativa edición, especialmente al momento del atraco. Sumado esto a las reflexiones de una voz en off que aparece periódicamente para lanzarte una que otra frase abrumadora o irónica, la cinta reúne todo para convertirse en una noticia por sí misma. Pese a ser una réplica del hecho original, irónicamente, brilla por su autenticidad.

 

FUENTE: EMPIRE

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