febrero 20, 2017
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Sagardi, cocineros vascos. La apuesta fuerte de Polanco

20/febrero/2017.- Sagardi abrió sus acristaladas puertas hace apenas dos meses, en silencio, caminando despacio con todo su gran tamaño. Y en enero el susurro se hizo bullicio. Sagardi México hizo su inauguración formal y día a día se transforma en lo que auguraba su nacimiento: un lugar de moda con éxito y la garantía de comer bien.

La fórmula está basada en tres pilares: un escenario donde la inversión se huele desde la entrada, producto de calidad y temporada por encima de los demás mandamientos, y el liderazgo de personas como Joan Bagur, que intentan ofrecer a diario autenticidad y profesionalidad.

El chef Iñaki López de Viñaspre fue el creador de Grupo Sagardi (1994); un emporio que cuenta hoy con 32 restaurantes por todo el mundo, incluidas las ciudades de Londres y Buenos Aires antes que Ciudad de México.

Entrando a la izquierda, un jocoso mural hecho por Mikel Urmeneta, (que se hizo famoso gracias a la firma Kukuxumusu), pone la nota informal al espacio. Bajo este mural se encuentra la zona de pintxos, donde además podemos pedir algunas pinceladas de la carta.

El resto de la planta está dividida en dos amplias zonas de restaurante. En el piso superior hay cinco salones privados y sobre este, en la azotea, cabe la posibilidad de cerrar un evento al aire libre o disfrutar de una copa a partir de las 6 de la tarde.

Joan Bagur, que ya abrió en Barcelona en 2014 un establecimiento gastronómico con tono mexicano en colaboración con este mismo grupo, Oaxaca; ha tomado las riendas de Sagardi México.

Sagardi está diseñado por los arquitectos vascos Txema Retana, Julen Lekuona y Xabier Lekuona, en colaboración con el arquitecto mexicano José Luis Castellón. Aunque existen diferentes ambientes, es el toque imperial el que predomina en los salones.

Volviendo a zona de pintxos, -que es el acercamiento ideal para aquellos que quieren conocer Sagardi desde su lado más casual-, no olvidemos que se trata de eso, de un bar de pintxos vascos, donde cada uno puede tomar a su antojo lo que hay expuesto sin miedo a preguntar qué es cada cosa (de hecho les animo a que pregunten). Pintxos de cangrejo con clara de huevo hilada, la terrina casera, bonito con pimientos o la clásica Gilda (guindilla encurtida, anchoa y aceituna) son clásicos que siempre gustan.

Fuente: Forbes Life